Pasando la Montaña del Dinero, donde los Reyes Aborígenes escondían sus tesoros y de los que hasta ahora nada se sabe de dicho escondite y bajando por Las Isitas se llega al Barranco del Viento y desde allí divisamos el Pico de Naos, enclavado en Playa Quemada.
La princesa Armiguana era la mujer más bella de la isla, una amplia sonrisa que dejaban ver unos dientes espectacularmente blancos y un cuerpo de proporciones casi perfectas. Armiguana se encontraba en el proceso de aprendizaje de todas las doncellas hijas de reyes destinadas al casamiento con algún guerrero de experimentada valía o de señorío en su familia. Armiguana estaba prometida al príncipe heredero de Maxorata con quien se encontraría en la próxima primavera. Teseitén era un joven príncipe, el menor de tres hermanos, y como Armiguana poseía un don especial, se podría decir que era el principe mas valiente que jamás Maxorata había conocido. Teseitén era un guerrero excepcional, había estado al frente de una guarnición de guerreros que defendían las islas de los temibles piratas que se acercaban a las costas con el propósito de hacer rehenes a los nativos y venderlos como esclavos en los mercados africanos. Teseitén se había enfrentado al capitán Pirata Arraeol y había acabado con su vida y quemado su barco una vez despojado de todo aquello que fuese de valor o útil para la vida. El resto de la tripulación huyó en barcazas hacia las costas africanas sin saber si el destino acabó con ellos, bien por la falta de alimentos y agua o porque las barcazas zozobraron en el Atlántico.
Desde Titerroigatra se divisa la gran columna de humo producida por la quema del barco pirata de Arraeol con el que se festejaba la gran fiesta de la Victoria. Armiguana miraba desde lo alto de la montaña como subía la columna de humo hasta lo mas alto del cielo. Ella sabía que había sido una victoria de los Majos, porque capturados los barcos eran quemados para que no volviesen a ser vehículos de ataque al pueblo aborigen y tampoco lugar para albergar a los nativos que se vendían como esclavos en otras tierras que no fuesen las suyas.
Armiguana bajaba hasta la costa, hasta la playa negra, la playa quemada llena de brillantes piedras bañadas por el mar que resplandecían al dar el sol en ellas, y por las noches se convertían en un mar llena de grandes brillantes que reflejaban la luna. Allí Armiguana se acompañaba de otras doncellas de su corte y algunos guerreros que cuidaban de la seguridad de sus reyes y su descendencia, cantaba y entonaba bellas canciones que reflejaban en muchos casos la soledad en que a veces era presa.
La princesa Armiguana era la mujer más bella de la isla, una amplia sonrisa que dejaban ver unos dientes espectacularmente blancos y un cuerpo de proporciones casi perfectas. Armiguana se encontraba en el proceso de aprendizaje de todas las doncellas hijas de reyes destinadas al casamiento con algún guerrero de experimentada valía o de señorío en su familia. Armiguana estaba prometida al príncipe heredero de Maxorata con quien se encontraría en la próxima primavera. Teseitén era un joven príncipe, el menor de tres hermanos, y como Armiguana poseía un don especial, se podría decir que era el principe mas valiente que jamás Maxorata había conocido. Teseitén era un guerrero excepcional, había estado al frente de una guarnición de guerreros que defendían las islas de los temibles piratas que se acercaban a las costas con el propósito de hacer rehenes a los nativos y venderlos como esclavos en los mercados africanos. Teseitén se había enfrentado al capitán Pirata Arraeol y había acabado con su vida y quemado su barco una vez despojado de todo aquello que fuese de valor o útil para la vida. El resto de la tripulación huyó en barcazas hacia las costas africanas sin saber si el destino acabó con ellos, bien por la falta de alimentos y agua o porque las barcazas zozobraron en el Atlántico.
Desde Titerroigatra se divisa la gran columna de humo producida por la quema del barco pirata de Arraeol con el que se festejaba la gran fiesta de la Victoria. Armiguana miraba desde lo alto de la montaña como subía la columna de humo hasta lo mas alto del cielo. Ella sabía que había sido una victoria de los Majos, porque capturados los barcos eran quemados para que no volviesen a ser vehículos de ataque al pueblo aborigen y tampoco lugar para albergar a los nativos que se vendían como esclavos en otras tierras que no fuesen las suyas.
Armiguana bajaba hasta la costa, hasta la playa negra, la playa quemada llena de brillantes piedras bañadas por el mar que resplandecían al dar el sol en ellas, y por las noches se convertían en un mar llena de grandes brillantes que reflejaban la luna. Allí Armiguana se acompañaba de otras doncellas de su corte y algunos guerreros que cuidaban de la seguridad de sus reyes y su descendencia, cantaba y entonaba bellas canciones que reflejaban en muchos casos la soledad en que a veces era presa.
Por las noches, en las cuevas cercanas a los acantilados, Armiguana descansaba y dormía y a media noche se escapaba de la guardia real y sus doncellas y se iba a la orilla del mar, para ver reflejar la luna en los guijarros de la playa en su leve contoneo del mar que subía y bajaba y las bañaba una y otra vez. Sumida en ese vaivén, quedó tendida sobre las rocas dormida, al poco un sobresalto la hizo incorporarse y se encontró delante de si a un hombre de impecable armadura brillante por la claridad de la luna y que la miraba atentamente custodiado por otro soldados.
Intentó escapar pero unas manos la agarraron y otras le taponaron la boca y la llevaron hasta una barcaza que se encontraba cerca de las rocas en La Bajita que mira hacia el llamado Paso de La Cruz par dirigirse a la nao de bandera francesa.

El jóven apuesto daba órdenes con sigilo y precisión, hasta llegar al barco donde ondeaba una bandera con fondo azul, tres flor de lis y tres lunas en la parte superior. La joven princesa de sangre real fue introducida en un compartimento, seguía amordazada pero no se resistía a seguir presa, mientras oía como la nao se iba haciendo a la mar.
El joven entró en los aposentos, donde habían dos catres dispuesto en cada uno de los lados de la estancia reservados para él y otro acompañante, en este caso sería la jover Armiguana. El joven, Juan de Valois, era hijo bastardo de Juan de Orleans, Conde de Angulema, y que reconoció como tal el mismo año de su muerte.
El joven Juan de Valois en represalia a los ataques del guerrero Teseitén prometido de Armiguana, se lleva a su prometida con la que quiere casar en el Reino de Borgoña y volver con ella como herederos de Titeroigatra. No era tarea fácil, tenía que convencer a Armiguana que él era el único en quien podía confiar fuera de su territorio natural y de esa forma conquistarla y casar con ella con el beneplácito del Papa de Aviñon que quería cristianizar las islas.
En las cuevas de la costa de Tinaxo están aislados los guerreros custodios que no velaron por la seguridad de la princesa y desterradas las damas que durmieron sin que proteguiesen la vida de su ama. En una barcaza a remos se acercaba hacia el Rubicón, Teseitén enterado del rapto de su prometida, y en la orilla la corte del Rey Guadarfía y la Reyna Fayna esperaban el desembarco del valiente guerrero de Maxorata.





colocaban todas sus capturas en un mismo lugar, como una recogida común, de la venta obtenida se repartía en proporción, para los propietarios de los barcos, los marinos, los hijos de los marinos y los que por causa de enfermedad no pudieron salir a la pesca, así de esta forma se vivía en común acuerdo. También puede ser que los lazos de familiaridad en casi todos ellos hicieran más llevadero esta especie de "comuna social".
Atrás queda el recuerdo de aquella excursión realizada a la isla Graciosa con motivo de la inauguración de unas instalaciones dedicadas a atender a los enfermos. Nosotros, los alumnos del Colegio La Marina, que asistíamos a las clases de guitarra y timple dadas en su tiempo libre por el profesor Orlando Suárez, estábamos invitados a tocar para los habitantes y acompañantes en tan importante evento.
En el muellito de Órzola, nos transportaba un barco pequeño de pesca. A mi me tocó ir en la parte trasera y mis manos casi tocaban el agua, en la proa del barco iba otro tanto de compañeros, en total éramos unos veinte. Al llegar al puerto de la Graciosa los de proa habían estado tapados con plásticos pues el mar mojaba toda esa zona, mientras nosotros permanecíamos al zoco. La mar estaba algo revuelta y había viento.
cascarón en un inmenso mar a merced de las olas encrespadas que subían y bajaban con tanta fuerza que en una de ellas, Eduardo que estaba a mi lado, queda flotando en el agua que entró en el barco y sale fuera de la embarcación y en un arranque precipitado la señora lo agarra por los pelos y lo trae nuevamente al barco. La cara de pánico del Delegado lo dice todo, yo lo miro mientras me agarro fuertemente al borde y el agua vuelve a entrar en el barco y nos moja de cintura para abajo como en una bañera. Así padecimos hasta ya casi llegar al muelle de Órzola. ¡¡Bendito muelle de Órzola!! Por fin sintió nuestros pies mojados y temblorosos saliendo de una pesadilla que pudimos contar.
Y atrás ibamos dejando la isla que habitó la reina bruja Armida que enamoró a Reinaldo, joven guerrero encargado de la liberación del Santo Sepulcro por las Cruzadas, según cuenta Tasso en su poema épico. La bella bruja llevó hasta la
isla un dragón y un león para cuidar la isla y no pertubaran su amor, incluso encantó una fuente de agua que quien osara en beberla o tocarla moriría de
risa. Esta última parte me parece lo mas divertida, y pienso (luego existo), ¿no será que Jean de Bethencourt le puso Graciosa porque la isla quedó impregnada de esa risa?, o ¿fue él el que tocó la fuente de Armida pero no le hizo efecto porque ya no estaba su guerrero?.
¡¡Viva la Virgen del Carmen!!



Aunque no todos los empleados tienen este horario, algunos se unieron a la fiesta con el fin de ayudar moralmente a estos pobres trabajadores.
El lugar para tan magnánima celebración fue en la Sidrería en Playa Honda, y luego un descanso sosegado a orillas de Puerto Calero. Solamente los sufridos aguantaron hasta el final, mientras los otros debido a la poca costumbre de realizar esfuerzos abandonaron al grupo. Estos siguieron luego hasta el cine para ver Srek3 y terminar en la Burger King.
Actualmente, ahora que estamos en el 2025, es absurdo pensar en realizar esos trabajos innecesarios, cuando ants había que acudir a una oficina para trabajar. Afortunadamente ya el trabajo se realiza desde casa, para eso tenemos los diferentes robots que ejecutan todos los trabajos necesarios, incluso no recibimos quejas directamente, tenemos un propio robot llamado AB (aguanta broncas), así nosotros podemos seguir disfrutando de la playa o el campo virtual. Aun recuerdo aquellos vehículos que le llamaban coches con ruedas, que absurdo!, ahora con nuestro VAP (vehiculo de acción propulsada) que se eleva en el aire no hacen falta carreteras ni gomas. Ahora nos dedicamos a fabricar los nuevos prototipos de VAP modelo HI.



Esta es la nueva misión de los sufridos trabajadores. Imagenes recogidas el 26 de Agosto de 2025



Una de esas tardes hacíamos una competicion. En la cocina había un banco de madera sin respaldo, como para tres personas, ahí mi madre colocaba un molinillo de color verde y rojo que se clavaba para que no se moviera. Mientras, mi tía con un pañuelo en la cabeza y cantando
alguna canción de Raphael, de la que era fiel admiradora, removía con cuidado los granos de café que se tostaban en una sartén puesta en la cocinilla, y así con un palo de madera removía hasta quedar tostado. Luego, el café se extendía en unos fardos para que se enfriara y comenzaba la competición de mi hermano y mis primos. 
Al día siguiente, sábado por la mañana, después de hacer algunas tareas en casa, formábamos la banda de tambores con las mayorets. Los tambores eran latas de aceite de motores que recogíamos en los talleres de "portonao". Las latas las ajustábamos a la cintura con soga y las haciamos sonar con los palos al igual que hacía la banda municipal. Delante las muchachas del barrio con palos en la mano y con semblante serio marcaban los pasos en tres o dos filas. Así de esa forma, recorríamos las calles del conocido Charco San Ginés, mientras las mujeres se asomaban a los postigos de las puertas para vernos pasar.